Solar

 Los distintos gobiernos de nuestro país han ido progresivamente adquiriendo una serie de compromisos frente al resto de los estados y ante la Unión Europea con la aprobación de V Programa de Medio ambiente. Entre ellos, se han fijado como objetivos prioritarios la disminución del consumo de energía procedente de fuentes fósiles, la reducción del consumo energético por habitante, la reducción de emisiones contaminantes a la atmósfera y el aumento progresivo de la participación de energías renovables en el consumo eléctrico.

Adicionalmente, la aprobación del nuevo Código Técnico de la Edificación (CTE) que establece las exigencias básicas de calidad, seguridad y habitabilidad de los edificios y sus instalaciones, buscando que el sector de la edificación se adapte a la estrategia de sostenibilidad económica, energética y medioambiental, supone una garantía de cara a la existencia de unos edificios más seguros, más habitables, más sostenibles y de mayor calidad.

 El Sol es una estrella que brilla, según los astrónomos, desde hace más de cinco mil millones de años, y todavía no ha llegado ni a la mitad de su existencia. Esta energía, que se recibe en forma térmica, puede aprovecharse directamente, o bien ser convertida en otras formas útiles como, por ejemplo, en electricidad.

A día de hoy existen tecnologías suficientemente desarrolladas que nos permiten transformar la energía solar incidente en calor y electricidad. Por ello no deja de ser un contrasentido que no se tomen mayores medidas para intentar aprovechar, por todos los medios técnicamente posibles, esta fuente de energía que más que renovable se debe considerar como lo que es: gratuita, limpia e inagotable. Por ello, el desarrollo de los sistemas basados en la utilización de la energia solar, podrá conseguir que los países se liberen de su dependencia del petróleo o de otras alternativas energéticas que resultan poco seguras, contaminantes o, simplemente, agotables.

 Para la obtención de electricidad se usan los módulos fotovoltaicos. Los paneles, módulos o colectores fotovoltaicos están formados por dispositivos semiconductores tipo diodo que, al recibir radiación solar, se excitan y provocan saltos electrónicos, generando una pequeña diferencia de potencial en sus extremos. El acoplamiento en serie de varios de estos fotodiodos permite la obtención de voltajes mayores en configuraciones muy sencillas. A mayor escala, la corriente eléctrica continua que proporcionan las paneles fotovoltaicos se puede transformar en corriente alterna e inyectar en la red, operación que es muy rentable económicamente pero que con la tecnología actual precisa de subvenciones para una mayor viabilidad. Sin embargo, en entornos aislados, donde se requiere poca potencia eléctrica y el acceso a la red es difícil, como estaciones meteorológicas o repetidores de comunicaciones, la utilización de las placas fotovoltaicas representa una alternativa económicamente viable.

Las instalaciones solares fotovoltaicas conectadas a la red tienen el objetivo de producir energía eléctrica para inyectarla a la red y ser vendida a la compañía eléctrica. Esto hace que la inversión se amortice rápidamente y permite obtener importantes beneficios.

 Para la obtención de calor a partir de la energía solar se emplean los llamados sistemas solares térmicos, que se basan en la utilización de los captadores térmicos (que se diferencian fundamentalmente entre captadores o colectores planos y tubos de vacío) de modo que si se ubican en el tejado de las viviendas orientados al Sol, se consigue que por efecto de la radiación incidente se produzca en ellos el calentamiento de un fluido termoportador que circula por un sistema hidráulico y que permite transmitir, mediante un sistema de intercambio térmico, esta energía como fuente primaria para sistemas de agua caliente sanitaria, calefacción, o, de forma genérica, todos aquellos procesos en que sea necesario proporcionar un incremento de temperatura a un fluido o sistema.